17 noviembre 2007

Hazañas gastronómicas en la Antigua Grecia

En la literatura griega aparecen hazañas gastronómicas que actualmente parecen imposibles y tal vez solo sean relatos más o menos mitológicos o producidos por la mente alucinada de hambrientos poetas.
Ya en la antigua “Sibaris” cuna de los sibaritas se organizaban concursos gastronómicos de nuevos platos.
Si se lee a Homero, sus héroes comen y beben desmesuradamente.
Hércules come con apetito insaciable.
Más cercanos a la época de Arquestrato tenemos a Milón de Crotona, de quien la historia dice que fue el hombre más fuerte de Grecia, este personaje es citado por los “Sabios” de la época como Aristóteles, Pausanias, Cicerón, Heródoto, Vitruvio, y con sus relatos no hacen más que acrecentar la leyenda entorno a este personaje.
Comía de una alegre sentada 9 kilos de carne, otros tantos de pan y bebía casi 10 litros de vino.
Se dice que con motivo de su preparación física, llevaba a hombros a un buey de 4 años al cual mataba posteriormente de un puñetazo y se lo comía.
Pero la hazaña de romper una cuerda atada alrededor de su frente con solo hinchar las venas de las sienes, era una de sus especialidades. (Yo no me lo creo, pero es lo que escriben los que dicen saber de estas cosas)
Milón, que era pitagórico y contemporáneo del filósofo, fue su dis­cípulo devoto. Pitágoras y Milón en Cro­tona, o sea, esta colonia griega de Sici­lia, jugaron a la política intentando im­poner el orden pitagórico. La cosa rodó mal. Sea como fuere, Pitágoras, refugiado en Metoponto, se encerró en un tem­plo y se dejó morir de hambre. Milón se negó a seguirle en tan horrible sacrificio. Murió en el bosque, cuando quedaron sus manos atrapadas en la hendidura de un árbol que trataba de partirlo y al no poder defenderse fue devorado por ani­males salvajes.
Diodoro Sículo, su bió­grafo, lo elogió categóricamente: «Es el único hombre de la Antigüedad cuya grandeza espiritual correspondía a la de su cuerpo.» Bello epitafio.
Según el escritor Teo­frasto, Teagenes, otro atleta, comía un toro entero después de vencer en los Jue­gos Olímpicos.
El escritor Amaranto de Alejandría hace mención de un hombre que tocaba la trompeta como heraldo de los soberanos macedonios y se dice que podía soplar dos de estos instrumen­tos a la vez y que consumía 6 kilos de pan, 9 kilos de carne y bebía 7 litros de vino.
No creamos que el sexo femenino quedaba a la zaga: Aglae, hija de Megatocles, engullía en las fiestas 4 kilos de pan, 6 kilos de carne y trasegaba 3 litros de vino.
Pasemos un tupido velo sobre los excesos que he relatado, hay más pero para muestra un botón. Para mi son relatos poco creíbles como he dicho al principio.

2 comentarios:

Major Reisman dijo...

Buenas

Hace tiempo que sigo este estupendo blog y hoy me he animado a escribir.

Sería interesante contrastar los banquetes de los héroes homéricos con la frugalidad de la dieta espartana.

Un saludo

Apicius dijo...

Hola Major Reisman:
De momento una anécdota, "Dicen que el caldo negro, primera comida comunitaria de la humanidad, era tan malo que toda la heroicidad de los espartanos venia que prefirieran morir en combate antes de volver, que era obligatorio, ingerir el histórico caldo negro.
Estoy en un congreso gastronómico en Donosti y no puedo de momento decir más.
Gracias por leerme.
Saludos